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NTREVISTAS: Lima 2019. ¿Jugamos todos?

Por: Nathalie Tacchino Publicado en: CoWorking Times - setiembre 2019


Lima fue protagonista y testigo de una de las competencias deportivas más grandes del mundo, y la más importante de la región: los Juegos Panamericanos, evento continental previo a los Juegos Olímpicos. Nada menos.


Es conocido que los peruanos poco sabemos de deporte, salvo si hablamos de fútbol y de aquella final histórica de vóley en la ya lejana Seúl 88, la cual repetimos en conversaciones de ayer y hoy como si los triunfos en el deporte nacional se extinguieran con esa medalla de plata. No tan lejos de la realidad.


Un vacío generacional opacó no solo al vóley sino también a las demás disciplinas menos populares y con triunfos aislados. Malas gestiones, falta de políticas públicas, ausencia de educación física en el currículo nacional, mínima inversión, falta de profesionalización, de institucionalización, de apoyo, auspicios, cobertura de medios. La suma de todo. La causa y el efecto. Así, el éxodo de las voleibolistas olímpicas a ligas extranjeras y la falta de referentes en otras disciplinas hicieron que el peruano promedio de la época no creciera admirando a algún ícono nacional. Uno de los resultados fue que crecimos mirando “hacia afuera”, alentando a ídolos foráneos, vistiendo con orgullo el bivirí de Michael Jordan y de los Chicago Bulls, pegando posters de André Agassi y de Gabriela Sabatini en la pared de la habitación, o lanzando frases en catalán frente al televisor para parecer un poquito más “culé” entre los amigos. Cómo no.


Luego de tremendo agujero en nuestra identidad deportiva, la noticia de que Lima sería sede de unos Juegos Panamericanos llenó de expectativas a quienes seguimos de cerca las competencias del ciclo olímpico. A quienes crecimos, sí, admirando el horizonte. Por fin tendríamos a los top de la región –de 41 países en 39 disciplinas- compitiendo en nuestro país, buscando en muchos casos el tan ansiado cupo olímpico. Sería como estar en el Disney del deporte -a pocas cuadras y a harto tráfico- admirando a esos ídolos que seguimos en Instagram. Por sobre todo, nuestros deportistas lograrían tener mayor apoyo, más visibilidad y una mejor preparación. Se crearía infraestructura de primer nivel. Tendríamos, en su medida, mejores resultados. Heredaríamos legado deportivo que cuidaríamos sin repetir errores del pasado. Cambiaríamos el chip y la dinámica. Las nuevas generaciones mirarían hacia dentro y se inspirarían para practicar deportes todavía desconocidos. Pero, vamos con calma.


Perú logró 39 medallas (11 de oro, 7 de plata, 21 de bronce) y se situó en el noveno lugar de la tabla. Cifra histórica, casi obligatoria gracias a los programas de preparación intensivos y a los incentivos desplegados. Los demás países –con sistemas sostenidos en el tiempo- también mejoraron. Mantuvieron la tendencia. Sin embargo, como sociedad, sin duda, hubo un cambio trascendental. Ganamos en identidad, en pertenencia deportiva y cultural. Si poco sabíamos sobre nuestros atletas, aprendimos. Si poco sabíamos sobre nuestro país, diverso y ajeno, en la ceremonia de inauguración, lo conocimos. Niños, jóvenes, adultos. Vimos, mediante el arte y la emoción, que a pesar de las distancias que nosotros mismos creamos, nos parecemos. Aun las brechas, abrazamos nuestras diferencias en la experiencia de estar unidos en sentimiento durante el show de apertura, lleno de música, luces y bailes típicos. Un shot de patriotismo a la vena.


Los Juegos Panamericanos -y Para Panamericanos- Lima 2019 han sido la excusa perfecta para retar y replantear nuestro sistema deportivo nacional, pero también para mirarnos dentro como ciudadanos. ¿Realmente estamos remando hacia un mismo objetivo, juntos, unidos? ¿Lo hemos hecho a través de la historia? ¿Nos sentimos orgullosos de lo que somos solo cuando ganamos alguna medalla o escuchamos a Chabuca Granda cantar a dúo con Juan Diego Flórez? ¿O nuestro patriotismo y respeto no se acaban al apagar el televisor?


Nada mejor que la mezcla de deporte y cultura para sacudir nuestras fibras más íntimas y cubiertas por arraigados complejos. Empecemos a correr juntos e incondicionales hacia la misma meta, como lo hicimos alentando a nuestra maratonista y campeona panamericana, Gladys Tejeda; y al mismo tiempo, parar de revelar lo que nos hunde y desune –las zancadillas, envidias, cizañas- como, por ejemplo, en el caso de la judoca venezolana, Yuliana Bolívar, nacionalizada peruana, quien logró el bronce para nuestro país, y a quien ya empezábamos a atacar por el simple hecho de no haber nacido aquí.


Es hora de que juguemos todos. Pero jugando bonito. Jugando bien. #Ntrevistas #NathalieTacchino #Lima2019 #JuegosPanamericanos #JugamosTodos #Perú

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|||| © 2020 por Nathalie Tacchino ||||

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